Los Paciente Olvidados – Parte 3 de 4

El área de estudio del Trastorno de Personalidad Límite se caracteriza por ser intermitente.

La psicóloga de la Universidad de Washington, Marsha Linehan merece gran parte del crédito por demostrar que se puede tratar a los pacientes suicidas.

El área de estudio del Trastorno de Personalidad Límite se caracteriza por ser intermitente, de arranque y freno. Ocasionalmente surgen estudios prometedores que luego son abandonados durante años. En la década de 1960 el Psiquiatra Jerome Motto de la Universidad de California en San Francisco – UCSF tuvo la idea de enviar periódicamente cartas afectivas a gente con tendencia suicida, que solo eran expresiones de preocupación por su bienestar. En 1969, él convenció al gobierno norteamericano para que financiara durante cinco años una prueba en 843 pacientes en el que la mitad recibiría las cartas y la otra mitad no. En los dos primeros años, cuando las cartas fueron más frecuentes, hubo la mitad del número de suicidios en los pacientes que las recibieron. Pero el Dr.Motto se retiró en 1991 y no publicó las conclusiones completas sino hasta 2001.

La psicóloga de Universidad de Washington, Marsha Linehan merece gran parte del crédito por demostrar que se puede tratar a los pacientes suicidas. Ahora con 67 años de edad, en un tiempo estuvo a punto de convertirse en una monja pero se dio cuenta que era demasiado inconformista. Ella entró en el negocio de las terapias en la década de los 70, después de descubrir que el respaldo de la psiquiatría era muy pobre. “Comenzó hace décadas, allanando el camino para que otros puedan tratar a pacientes de alto riesgo,” dice el psicólogo David Rudd, Decano del Colegio de Ciencias Sociales y del Comportamiento de la Universidad de Utah.

Después de obtener un doctorado en Psicología de la Universidad de Loyola en 1971, la Dra. Linehan quería dedicar su carrera a ayudar a la gente más miserable del mundo. Adquirió experiencia práctica como interna en un Centro de Crisis de Suicidios en Buffalo, Nueva York; posteriormente aprendió Terapia del Comportamiento en la Universidad Estatal de Nueva York –SUNY en Stony Brook y finalmente llegó a la Universidad de Washington. “Llamé a todos los hospitales y les dije, ‘Denme a sus peores pacientes’. Estaban muy felices de enviarlos”, recuerda. Sus pacientes habían sufrido terribles traumas en el pasado y eran proclives a las crisis a todas horas. Tuvo que convencer a la oficina responsable de los pacientes del hospital de la Universidad de que era posible tratar a pacientes suicidas fuera del hospital. Su argumento: “No se tienen evidencias de que la hospitalización haya mantenido vivo a quien sea durante cinco minutos.”

Leyendo la literatura, se dio cuenta de que muchos pacientes sufrían lo que se conoce como Trastorno Límite de Personalidad, en el que las personas carecen de la capacidad para controlar las emociones cotidianas. Sus sentimientos se salen fuera de control con el más mínimo sobresalto, como un automóvil estacionado en una colina empinada sin un freno de emergencia. Se tiene un registro de que un diez por ciento se suicidan. “Mi teoría fundamental es que las personas altamente suicidas no cuentan con las habilidades necesarias para regular sus comportamientos y emociones. … Se les tiene que enseñar esas habilidades,” señala Linehan.

La Doctora Linehan pasó años tratando de utilizar una combinación de técnicas de ayuda. Finalmente, desarrolló la Terapia Dialéctico Conductual – TDC, que es una rama de la Terapia Cognitivo Conductual, que se centra en corregir los patrones distorsionados del pensamiento que hacen que la gente se deprima. Entre otras cosas, agregó técnicas de aceptación Zen que aprendió después de vivir un verano en un monasterio budista en California y de un maestro Zen en Alemania. La Terapia Dialéctico Conductual enseña a los pacientes a tolerar las tensiones del momento, a aceptar que las vidas imperfectas son dignas de ser vividas y a aprender las habilidades necesarias para hacer frente a las emociones llenas de furia. La terapia a menudo comienza con un control de crisis. Durante años su grupo ha contado con un médico que parece haber jugado a la ruleta rusa con una pistola cargada: Le ha tocado lidiar con pacientes que daban patadas a las paredes y uno que amenazó con matar al Presidente de Estados Unidos. Algunos pacientes llegan después de utilizar tantos medicamentos psiquiátricos que apenas pueden permanecer despiertos. Linehan se los disminuye y administra sólo los esenciales. No pocas veces ha tenido que tomar actitudes inflexibles y sin ninguna compasión. Recuerda una ocasión cuando una paciente tuvo que someterse a un lavado estomacal después de una sobredosis de antidepresivos, Linehan les dijo a sus padres que no fueran a verle mientras estuviera hospitalizada y la obligó a tomar un taxi a su casa indicándole que se reportara a trabajar al día siguiente. “Fue lo mejor que me pudo haber pasado,”, dice la mujer, que se recuperó, se casó y está criando a un niño de 2 años de edad.

Un primer pequeño estudio de la Dra. Linehan (1991) que mostró que la Terapia Dialéctico Conductual redujo los intentos de suicidio fue criticado porque los pacientes recibieron un tratamiento intensivo por expertos como ella, que podrían haber sido los responsables de la mejoría. Pero en 2006 Linehan asignó 111 pacientes suicidas para que recibieran la Terapia Dialéctico Conductual o usaran otras técnicas de tratamiento intensivo. Los pacientes de TDC registraron la mitad de la tasa de intentos de suicidio en los siguientes dos años y fueron hospitalizados con menos frecuencia por presentar pensamientos suicidas, de acuerdo con los resultados publicados en los Archivos Generales de la Psiquiatría – Archives of General Psychiatry.

Por lo general el TDC necesita de seis meses a un año de sesiones dos veces por semana, pero también pueden ayudar cursos más cortos de la terapia. Los investigadores de la Universidad de Pensilvania descubrieron que diez semanas de Terapia Cognitivo Conductual redujo la tasa de intentos de suicidio reincidentes a la mitad en los pacientes que ingresaron a la sala de emergencias después de un intento. Una de las claves fue la logística: Se tuvo que hacer un enorme esfuerzo en darle seguimiento a los pacientes y en asegurarse de que tomaran las terapias, dice Gregory Brown, psicólogo de la Universidad de Pennsylvania.

El Dr. Brown de la Universidad de Pennsylvania y la Dra. Barbara Stanley, de la Universidad de Columbia están probando un plan de seguridad, equivalente a un plan de emergencia, que los pacientes escriben conjuntamente con un terapista y que los mantienen con ellos en todo momento. Básicamente es una lista de cosas que tienen que hacer y que sirven para distraerlos, además de la información de a quién llamar cuando surgen los impulsos suicidas, “es el equivalente de detener, caer y rodar,” apunta Stanley. Ella recuerda que un paciente, “fue a un puente, se metió la mano en su bolsillo, se percató de que tenía el plan de emergencia–y no lo hizo.”

La investigación sobre cómo los medicamentos afectan los comportamientos suicidas está menos avanzada. Sólo un medicamento psiquiátrico, Clozapina de Novartis, que durante mucho tiempo se empleó para tratar la esquizofrenia, ha demostrado prevenir los intentos de suicidio en un estudio de gran tamaño, publicado en 2003, en el que venció por un 25% a Zyprexa de Eli Lilly también utilizado para tratar a la esquizofrenia. Este resultado ha tenido poco impacto en la práctica cotidiana debido a los efectos secundarios del medicamento (especialmente una enfermedad rara de la sangre pero potencialmente mortal) que complican su uso. Un estudio finlandés del año pasado encontró que los efectos antisuicidas de la Clozapina superan su riesgo. Existen numerosos factores que van en contra de los estudios de medicamentos psiquiátricos en pacientes suicidas, dice el Presidente de Novartis, Daniel Vasella. (Vasella, un médico, insistió en realizar las pruebas a pesar de las objeciones de algunos subordinados). Tan poco se sabe sobre la biología del suicidio que el resultado es impredecible. La realización de tales investigaciones, “seguramente tomará mucho tiempo e implicará un alto costo,” dice Vasella. “Uno se empieza a preguntar, ¿Existen otras cosas que podamos hacer con nuestro dinero?”

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Una respuesta a Los Paciente Olvidados – Parte 3 de 4

  1. Bretatalkatly dijo:

    Si, probabilmente lo e

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